La laparoscopia diagnóstica es un procedimiento quirúrgico utilizado para evaluar una patología intraabdominal o pélvica (p. ej., tumor, endometriosis) en pacientes con dolor abdominal agudo o crónico, y operabilidad en pacientes con cáncer. También es útil para la estadificación de linfomas y para biopsia hepática.
Las contraindicaciones absolutas para la laparoscopia incluyen
Trastorno de coagulación o hemorrágico
Escasa cooperación del paciente
Infección de la pared abdominal
Las contraindicaciones relativas son patología cardíaca o pulmonar grave, hernias abdominales grandes, múltiples operaciones abdominales y ascitis a tensión.
Antes de la laparoscopia, se realizan un hemograma completo, estudios de coagulación y la determinación del grupo y factor Rh. También se realizan radiografías de tórax y abdomen (riñones, uréteres, vejiga).
La laparoscopia se efectúa con técnica estéril en quirófano o en una sala de endoscopia bien equipada. El paciente recibe anestesia local más sedación IV y analgesia con un opiáceo y un hipnótico de acción corta (p. ej., midazolam, propofol).
El procedimiento consiste en la introducción de una aguja de neumoperitoneo en la cavidad peritoneal y la infusión de dióxido de carbono para distender el abdomen. Después de agrandar la abertura, se introduce el peritoneoscopio en el abdomen y se examina su contenido. Los instrumentos quirúrgicos para biopsia y otros procedimientos se introducen por portales independientes. Cuando se completa el procedimiento, se expulsa el dióxido de carbono y se retira la cánula.
Las complicaciones de la laparoscopia pueden ser hemorragia, peritonitis bacteriana y perforación de una víscera.